Decisiones de Hombres

Diego Campoverde-Cisneros hace una reflexión cargada de emociones y vivencias personales acerca del camino hacia su aceptación.

Este reto en mi vida se lo dedico a Marco:
“Marco, siempre estarás presente en mi memoria y en mi corazón…”

Cuando tenía cinco años jugaba en el jardín de infantes con mis compañeros y dudaba si jugar a la pelota, al escondite o con muñecas. Era obvio que el juego con el cual me identificaba más era el de las muñecas, pero a tan corta edad, la confusión era bárbara.

Luego en la escuela y en el colegio la situación se tornó más difícil. Al entrar a una escuela católica, la culpabilidad que sentía por mi forma de ser, a pesar de tener siete años y saber que era diferente, fue intensa. Sobreviví las duras bromas que los compañeros me hacían por, entre otras cosas, tener una voz más fina, no jugar al fútbol o compararme con algún cantante con características afeminadas. En fin, fueron muchos episodios los que me marcaron. Soy consciente de que mis amigos de ese entonces no hacían sus comentarios para afectarme, hacían y hacen parte de lo que se vive en muchas unidades educativas a nivel mundial que no cuentan con una orientación acerca de la homosexualidad y de las distintas tendencias sexuales.

Al finalizar el colegio sentí un “alivio” espontáneo ya que la presión social sería un poco diferente en la universidad, aunque lamentablemente continuaba llevando una doble vida exigida por esa misma sociedad llena de tabúes. Fue durante mi segundo año universitario cuando mi vida cambió para siempre. Poco después de la muerte de mi madre, ella me envió al hombre que me ayudó a definir cuál era mi camino experimentando por primera vez en mi vida una relación con alguien de mi mismo sexo que duró casi seis años. Una relación escondida del mundo exterior y con dos caras, ya que tenía encuentros casuales con chicas e inclusive relaciones afectivas, todo para jugar al juego impuesto por la sociedad y así ocultar los rumores que pudieran suscitarse porque pasábamos “demasiado” tiempo juntos.

Al término de mis estudios superiores la gota que derramó el vaso cayó. No podía respirar más llevando esa doble vida y decidí salir de mi ciudad natal Cuenca (Ecuador) en búsqueda de mi libertad. Quizás ha sido una las decisiones más duras que he tomado en mi vida; no fue nada fácil dejar atrás a mi familia, amigos, raíces, trabajo, memorias e historias.

Es así que en octubre de 2001, lleno de miedo y temor, llegué a los Estados Unidos buscando “mi libertad”. Tuve la oportunidad de mudarme a Madison y trabajar en un medio de comunicación hispano, sin embargo el destino es paradójico. Huí de una sociedad porque no podía pertenecer a ella debido a mi inclinación sexual, y como la vida siempre es impredecible, terminé laborando para la misma comunidad latina pero en los Estados Unidos.

A pesar de todo, los años pasan y las increíbles personas que aparecen en tu camino te hacen dar cuenta de que no necesitas un letrero que diga “SOY GAY” para poder vivir en libertad. El primer requisito para ser libre es respetarte a ti mismo para que el resto de la sociedad lo haga. No es nada fácil, pero hay que recordar que si tú no piensas en un cambio para ti, nadie más lo hará.

Cuando era niño rezaba el rosario durante el mes de mayo con mi madre y mis hermanos alrededor de la cama y pensaba que el infierno era lo menos que podría merecer. ¡Qué equivocado estaba! Hoy, cuando he logrado tanto en mi vida personal y profesional, sé que Dios, mi Dios, ha estado junto a mí todo el tiempo y que el infierno no será mi próxima morada.

Aunque la libertad completa aún no la encuentro, he aprendido que la mejor libertad es tu conciencia y corazón. Sé que hay personas que como yo se identificarán con mi historia y quizá se animen a buscar su identidad. No será nada sencillo, especialmente si creces en una familia conservadora y una sociedad que aunque va siendo más tolerante, aún juzga de manera hostil el tema de la homosexualidad.

Ahora mi familia acepta quien soy, mis amigos son para siempre y he encontrado un camino lleno de amor, verdad y apoyo. He decidido luchar por quien soy y por los derechos fundamentales que todos tenemos como seres humanos independientemente de nuestra orientación sexual. He decidido vivir plenamente mi sexualidad y enfrentar a la sociedad en pro de la aceptación y la justicia social. Definitivamente, no es imposible pero sí de HOMBRES salir del clóset.